El periplo de la (auto)publicación

libros2Entre Amazon KDP, Lulu y un sinfín de distribuidoras y editoriales online, lo de publicar un libro ha dejado de ser sólo apto para escritores capaces de encontrar agente y de meterse en el bolsillo a un editor y ha pasado a estar al alcance de todos.

Es cierto que lo de la autopublicación sigue teniendo detractores e inconvenientes (el mayor de los cuales parece ser la falta de prestigio que se le puede ver a esta práctica). También es verdad que por mucho que publiques un libro y lo pongas a la venta en Amazon, eso no significa que nadie vaya a llegar a leerlo o comprarlo. Pero, si mi (poca pero increíblemente frustrante) experiencia en el sector de la publicación tradicional me ha enseñado algo, es que nadie (a excepción de amigos y familia) tiene porque acabar leyendo un libro si la editorial que hay detrás de él no se molesta en promoverlo y distribuirlo bien.

Con todo esto en mente y, sobre todo, con la convicción de que autopublicando tendré control total (o casi total) sobre cuándo, cómo y de qué forma se podrá leer mi siguiente libro, parezco haber decidido que la autopublicación es para mí. Ha sido una decisión increíblemente sencilla de tomar y ni siquiera me he molestado en ver si una editorial tradicional querría publicar mi novela. La sola idea de hacerlo me da pereza y pavor a partes iguales. Más pereza en realidad.

He de decir que lo más difícil hasta el momento ha sido vencer mi gran capacidad para procrastinar (verbo que pese a venir del latín y de lo mucho que llego a practicarlo, he aprendido gracias a la completa intoxicación de inglés que tengo desde que vivo en Estados Unidos). Ponerse a escribir cada día, pese a que me dedique a esto, no es necesariamente fácil. Pero después de varios intentos fallidos y muchas vueltas, hace año y medio (sí, soy muy lenta) retomé una historia a medias que había empezado en 2009 y decidí que había que acabarla. La semana pasada terminé de hacer la enésima edición del libro supuestamente acabado. Digo lo de supuestamente porque sé que todavía querré volver a leerlo una última vez más antes de publicarlo y esa última lectura acabará dando paso a otra lectura…

La historia se titula La intérprete de lo anacrónico y la verdad es que intuyo que escribirla (una vez vencida la procrastinación inicial) ha sido lo más fácil de este proceso. Ahora empieza la nada sencilla tarea de conseguir que alguien la lea…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *